El Caballero de los puños cerrados.

22 junio, 2012 por Salvador Dejar una respuesta »

El de la mirada severa, el guerrero indómito, el la lucha eterna, con o sin causa, paladín de todas la causas perdidas, contra todo y contra todos,…  contra ti mismo,

Hoy el que suscribe ha recibido un encargo que me llena de orgullo, también de responsabilidad, lo he recibido en un día gris a pesar del sol y del calor de este primer día de verano, tu patrimonio y el de tu padre formarán parte de la RUMES, estén donde estén esas colonias, y tengan la forma que tengan, tus colmenas, ese conjunto, siempre será la Estación Polinizadora de Honorio, padre e hijo.

Hoy he visto tu féretro, me ha dado la sensación de que era demasiado pequeño, ¡no puede ser! ¡tú no cabes ahí!, tu orgulloso pecho y tu gran corazón ¡no caben ahí dentro!, la visión de tu nombre sobre la caja me ha obligado a retirarme.

Me contabas que ibas a poner colmenas, me decías que ibas a pedir una subvención, que seguirías luchando; siempre la lucha,… siempre la lucha, yo, te advertía no es tan sencillo, te recordaba el viejo y sabio dicho que leí en un libro apícola antiguo, “las colmenas, de una cien y de cien, ninguna”.

La última vez que hablé contigo me contabas que te habían concedido la subvención íbamos a quedar para ver cómo colaborar, fue pasando el tiempo, las cosas ha ido muy rápidas para mi, esta última temporada, hoy he sabido que nada de eso pudo ser, no supe más de ti.

Hoy de forma inesperada he sabido de tu falta, todos estábamos allí, todos los que te hemos acompañado en tu vida, todos nos sentíamos tristes e impotentes, ¡no eran gigantes!, ¡no eran gigantes! Nunca lo fueron, la vida siempre es bastante más sencilla solo a veces es preciso apretar los dientes, solo a veces, ¡no constantemente! En ocasiones has de rendirte, forma parte de la victoria hacerlo a tiempo, pero tú no, te rebelabas una y otra vez, incluso contra tu enfermedad, eso te ha matado.

Para Honorio

1 comentario

  1. Amparo Jareño Luzon dice:

    Siempre lo recordaremos con sus puños cerrados, la pasión por las colmenas le hacían sonreir, ver a sus hijos y sus amigos también. Estoy segura que esté donde este, se alegrará de que sus abejas sigan vivas

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